Vi dos cachorros en el contedor

S.J. - UVE


Sí, fue al tirar la basura, los vi, allí estaban, indefensos, llorando, vulnerables.

Pensé, ¿qué hago? Vaya jaleo, ¿cómo voy a coger a esos perros si ya tengo uno en casa? Imposible, no puedo. Antes de cerrar el contenedor me pregunté: ¿Y vas a ser tan miserable como para dejarlos aquí? ¿Podrás dormir? No, claro que no podía dejarlos allí; lo primero era sacarlos, llevarlos a casa y pensar en las consecuencias después.

Mi corazón y mis entrañas no me permitían dejarlos allí. Primero ayuda, luego se piensa. Les encontré acomodo.

Había cruzado el pobre gato la carretera pero sin percatarse de que venía un coche. Le dio un golpetazo, el coche ni se paró y el pobre gato quedó mal herido debajo de otro coche aparcado;  había un pequeño charquito de sangre. ¡Joder!, ¿y ahora qué hago? Me acerqué al coche, no era un gato grande, no, pero tampoco dejaba que se le acercaran. ¿Me voy? No pude, no fue fácil cogerlo pero lo cogí; no creo que llegara al año. En cuanto lo tapé y le di calor se tranquilizó. Ahora sólo quedaba el veterinario: se curó.
 

¿Han cogido ustedes el barco de Algeciras a Ceuta o viceversa con vendaval de levante?
 

¿Se marean con facilidad? ¿Horrible, verdad? ¡Qué sensación más mala! Y eso que tenemos la ventaja de pensar que solo nos queda una hora, una hora para llegar y todo se acabará. Además, vamos bien alimentados, sanos, eso, solo una hora, aguantemos una hora.

En el open arms no van perros, no van gatos, no van ovejas; van personas. Aunque a usted, inhumano personaje, le cueste trabajo pensarlo son personas, personas que ríen, que lloran, que pasan hambre, frío.
 

El viaje que les queda no es de una hora (que gran ventaja tenemos)..., ni siquiera saben cuántas horas o días durará. Muchos de ellos lo dejaron atrás todo, todo: casas, familiares, dinero, todo. Se meten pagando lo que tienen en barcos o en barcazas inhumanas para tratar de huir de la guerra, la miseria, las injusticias de la vida (esa misma injusticia que hace que ellos nacieran allí y yo aquí)

No quiero ni imaginar el suplicio por el que pasan, y ahora nos preguntamos que qué hacemos con ellos. ¿En serio? 
 

¿Tan miserables somos? ¿En qué momento perdimos el sentido de la dignidad? ¿En qué momento perdimos nuestro valor como personas? ¿Si ve usted un accidente en la carretera no se para?

Toca criticar al open arms. Ya se encarga la prensa conservadora (la misma que le dedica hojas de sus periódicos de hoy a la exaltación de la virgen...) de contar mentiras y enredos sobre una tripulación que, bajo mi punto de vista, lo que merecen es una estatua cada uno de ellos.
 

Mentiras y más mentiras como alimento para aquellos que quieren creerlos y que no se paran a pensar que lo que hay allí son personas sufriendo, personas. "Bienaventurados los que sufren porque de ellos será..."

Y mientras que todo eso pasa escucho a una gran cantidad de ateos y agnósticos pedir justicia para esas personas, pedir que sean socorridas. Seguramente serán ateos y agnósticos con corazón.
 

La gran paradoja de todo esto es que escucho a infinidad de personas criticando al open arms y a sus tripulantes, personas que sorprendentemente (e hipócritamente) dicen que son seguidores de la palabra de un señor que dijo: "si dais de comer al hambriento, de beber al sediento y cubrís al que pasa frío, estaréis más cerca del maestro".
 

Esa es la gran mentira que viven, el maestro espera antes a esos ateos y agnósticos en el reino de los cielos que a sus almas miserables.
 

El maestro podrá ser muchas cosas, pero no es ni tonto ni injusto.